A veces la literatura es una delicia, un fluir que conmueve y gratifica. A veces, abres un libro por la primera página y lees: “Mi padre era jardinero. Ahora es jardín” y se te llenan los alveolos del pensamiento con el viento cálido de una emoción, y te regresa la fe en la palabra, y sientes que todo tu ser conecta plenamente con las páginas.
El jardinero y la muerte
Gueorgui Gospodínov
Editorial Impedimenta

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