Oigo el corazón del tiempo palpitando en mis sienes, en las hojas rebrotadas a la vida, en el ajetreo renacido de los pájaros.
La naturaleza se eleva desde los fondos oscuros y nutrientes de la tierra.
La primavera vierte promesas sobre la carne entumecida del invierno. Los relojes se olvidan de latir durante las largas tardes bañadas de luz.
Mi niña interior se pone de puntillas y se asoma a mis ojos para ver el mundo efervescente que me cerca, me abre las ventanas del recuerdo y me susurra canciones olvidadas.
El chiflo del afilador se cuela por la ventana abierta. Las voces de los niños trepan por la pared hasta mi casa. Llevan consigo el aliento feliz de los juegos, el ansia de correr a ningún sitio, la belleza de la seguridad del porvenir.
Oigo el corazón del tiempo palpitando en mis sienes, hermoso alazán salvaje que lleva en el brillo de su piel el fino rocío de mis días.
Paloma Ulloa

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