miércoles, 21 de febrero de 2018

Sala de espera

 
Mientras espero a que me atiendan en la sala helada de neón del consultorio, siento cómo mi yo, mi concreción humana, se diluye; va perdiendo forma y volumen y se traduce en sombra anónima, ligeramente temblorosa, seguramente asustada. 
Todos los rostros que me rodean son igualmente borrosos, indistinguibles, clínicos. Todos se mueven con la incomodidad tensa de la espera, todos guardan silencio y se amasan en la brutal constancia de su mortalidad.
De fondo un televisor orina noticias matinales que nadie escucha y el linóleo anaranjado narcotiza con su olor a consultorio.
Y yo espero; espero a que la pértiga de una voz que rescate mi nombre de una lista vuelva a ponerme rostro, y me devuelva a mi unicidad independiente, fuera de ésta sala de espera que nos amalgama y nos olvida.

Paloma Ulloa

martes, 20 de febrero de 2018

Instantánea

El papel cae, abrumado de abandono, sobre la moqueta empolvada. Hace demasiado tiempo que las ventanas mudas solo dejan pasar la luz; el viento, atrincherado al otro lado, intenta hacerse fuerte y a veces sacude los cristales y a veces los lame, con un gemido lacerante, como si intentase despertarla, devolverla a la vida, arrancarla de la escarcha retenida que va nublando para siempre sus pupilas.

Paloma Ulloa

Resistencias


Me resisto a creer que hayamos nacido, como el ganado, con el único fin de morir y, sin embargo, la idea de Dios me parece igual de inverosímil.

Paloma Ulloa

lunes, 19 de febrero de 2018

Un sueño de intimidad


Fotografía de Robert Doisneau
 
Soy testigo de un sueño de intimidad que a mí no me compete; un sueño de independencia que esconde resortes de perpetuación infinita. Ellos, como nosotros hace tanto tiempo, abren las puertas del mundo y respiran lo que creen que es libertad.

Paloma Ulloa

domingo, 18 de febrero de 2018

Encuentro




Lleva unos zapatos humildes, como los míos; demasiado gastados como para que el betún pueda ya protegerlos de la humillación del deterioro. Pero la mirada de su propietaria es limpia, infantil; una de esas miradas que conectan inmediatamente, que se llenan de estrellas con cualquier palabra amable, que vuela hacia los paisajes del recuerdo más íntimo con facilidad.

Lo nuestro es un coincidencia rápida. Una refriega de metro sin memoria, una sonrisa fugaz, un agradecimiento sin palabras. Pero su recuerdo quedará prendido para siempre en estas palabras cuando mi cabeza humana, poco fiable, la haya borrado para siempre.

Ahora la retengo un poco más. Miro el contorno algo indefinido de su mandíbula que delata una edad mayor de la que podría parecer a simple vista. Y las finas líneas de las comisuras de sus ojos, que ahora evidencian mucha vida pasada. 

Tal vez algún día su cabello breve fue negro, pero los ríos de plata le entresacan pasados y las arqueadas líneas en los márgenes de sus labios hablan de dolor, de decepción y de pérdida.

El tren se detiene. Ella me dedica una mirada comprensiva, un adiós mudo. Recoge una bolsa de plástico informe de entre sus pies cansados y se va para siempre, devorada por el tráfago de una estación sin nombre.

Paloma Ulloa

jueves, 15 de febrero de 2018

Tarde de niebla



Steichen, 1906

Me he quedado colgada de la niebla que empaña mi ventana. Al otro lado los fantasmas de humedad se posan sobre la piel indefensa de los transeúntes embozados y a través del retrovisor del pensamiento se asoman las nostalgias de otras tardes como ésta, inseguras, sucias de recuerdos.

Sigo la figura imprecisa de un hombre hasta que dobla la esquina para perderse en las comisuras de la ciudad infinita, y me deja sola, en medio de esta hora sin límites en la que la música repiquetea suavemente sobre los muebles huérfanos que me acompañan.

Mi reloj de cadena pierde el pulso. Se aflojan los muelles engrasados, faltos de tensión y las manillas se detienen. La tarde muere y otro minuto muere conmigo, en mí.

Paloma Ulloa

El viento no llega


El viento no llega. No se lleva las tormentas acumuladas en mi alma. No aventa mis tristezas. No camina sobre los lomos encrespados de los problemas para desmenuzarlos hasta hacerlos polvo del camino.

Paloma Ulloa

miércoles, 14 de febrero de 2018

EL HOMBRE QUE FUISTE



Éste es el primer vídeo grabado en la Jam Session de "El tamaño sí que importa" que se celebró en Madrid, en "Vergüenza ajena".

Tiempos sin destino

Título: "La espera", autor: ALLfotografia

Hay un silencio extraño en los tiempos sin destino; un miedo anónimo al futuro; un vacío ocupado por el ruido constante de los parpadeos electrónicos.

Paloma Ulloa

martes, 13 de febrero de 2018

Agua que fluye



Soy agua que fluye y a veces se estanca; y a veces se desborda arrasándolo todo; y a veces desgasta y moldea la piedra de la vida; y a veces se evapora y desaparece por un tiempo.

Paloma Ulloa

lunes, 12 de febrero de 2018

Jam Session "El tamaño sí que importa"

Ayer disfruté del placer de compartir mis relatos con un montón de viejos y nuevos amigos gracias, en primer lugar, a Talentura (http://talenturalibros.blogspot.com.es/) y especialmente a Mariano Zurdo (https://es-es.facebook.com/mariano.zurdo.9) que hizo posible la edición de "Papel, papel y tinta"; a  Adrián Gualdoni (https://es-es.facebook.com/public/Adrian-Gualdoni) por organizar estas Jam Session de "El tamaño sí que importa" (http://eventerbee.es/event/jam-session-de-ficcin-breve-el-tamao-s-que-importa,182607072487887) en las que los asistentes pueden improvisar maravillosos micro relatos y presentarlos a un público exigente. Y por último, pero no menos importante, a "Vergüenza Ajena" (https://www.facebook.com/verguenzajena) que nos acogió, nos mimó y nos permitió celebrar este encuentro.

 
 
El ganador del relato breve en la categoría de "jovencísimos talentos"
fue Álvaro Blanco:
 

Y la ganadora en la categoría de "adultos" fue Almelí:



martes, 23 de enero de 2018

sábado, 6 de enero de 2018

Alegría



Alegría era un barrio oscuro y triste que se había quedado encerrado entre garras de hormigón y vías de tren. Nadie paseaba por sus calles, los vecinos se arrastraban hasta el interior húmedo de los portales mohosos como cucarachas huyendo del sol y salían a escondidas, ocultando sus sombras a la luz. Los edificios, clavados en encías descarnadas, habían sido, tiempo atrás, la envidia de la alta burguesía, y ahora languidecían como triste testimonio de la decadencia de lo hermoso. A veces una cornisa esculpida se desplomaba sobre la acera y allí se quedaba durante días o semanas o hasta que la erosión la iba deshaciendo en arenas llevadas por el viento.


Nadie quería entrar en Alegría porque era el último refugio de los desheredados, los pobres, los delincuentes, las putas y los desahuciados y, una vez dentro, ya sólo se podía salir triturado por las miserables garras de la muerte. Pero una tarde las excavadoras comenzaron a roer las aceras y arrancaron la mugre de piedra del suelo. Del interior de sus nidos oscuros comenzaron a salir sombras resignadas que se dispersaron ateridas hacia la oscuridad de los márgenes del barrio en busca de otros nidos en los que desaparecer en silencio y desde donde contemplar el trabajo laborioso de las grúas que levantaron un corazón de hierro y cristal que mantuviese vivo el temor al dios financiero y cruel que los había expulsado de su seno.

jueves, 4 de enero de 2018

Isaías


Isaías había llegado a este lado del mundo atravesando el océano inmenso en un pájaro metálico. Todo comenzó después de recibir una carta de su padre en la que le hablaba de España y le decía que pronto iría a buscarlo para vivir juntos en Europa; y él se imaginó ciudades de cristal, gente hermosa, feliz en medio de la abundancia de aquel primer mundo, pero al llegar, sólo nos encontró a nosotros...

miércoles, 3 de enero de 2018

Alcorque


- Dame una palabra, abuelo, tú que siempre tienes viejas y polvorientas reliquias guardadas en el aparador.
- Alcorque.
- Suena a tierra y a agua y a acequia.
- Sí.
- Y a plantas bien cuidadas.
- Tal vez.
- Y a paseos de domingo de la mano de mi padre, y a huerta pequeña, urbana, en el centro de la plaza, y a café caliente en el otoño, cuando crecen las calabazas incendiarias y se acortan los días para que comiencen las largas noches del invierno.
- Sí, a todo eso suena. Pero también a flores de primavera y a recuerdos de mi infancia, cuando el tiempo era más calmo y transcurría sin fisuras hacia el infinito y la gente no decía las palabras que se ponen de moda aunque no las comprenda.

martes, 2 de enero de 2018

Amelia



Cada tarde Amelia vuelve a casa con las medias astilladas de cansancio y el alma exhausta, alzándose dificultosamente sobre unos tacones de feminidad engañada con los que pretende sentirse mejor.

Madrugada


Me gustan los rostros alucinados que transitan por el metro, antes del amanecer, de puntillas por la vida recién desperezada. Los cuerpos se mueven macilentos, con un regusto a sueño escaso y a pereza que no se pueden ocultar detrás de los abrigos y el maquillaje.
Algunos esconden la mirada entre las páginas de un libro, otros se duermen, mecidos por el vaivén cadencioso de las vías, pero los hay que también inundan sus cerebros con músicas estridentes que los arranque de la realidad empecinada.
Me nombro espectadora invisible de todos los viajeros anónimos que se cruzan conmigo. Observo sus zapatos reventados o minuciosamente limpios, los bolsos, contenedores de secretos inimaginables, los abrigos y bufandas y sombreros que pretenden hurtar el frío a las pieles pálidas de sueño. Y tejo historias sobre sus vidas, sus recuerdos, sus deseos, que se cruzan entre gente a la que nadie importa y de la que nadie sabe nada.

lunes, 1 de enero de 2018

Nieva en mí


A veces nieva en mí. Caen pequeños copos vaporosos en mi alma y me derrito en una catarata de emociones indescifrables. A veces, el tiempo me palpita en las sienes con la constante urgencia de un reloj, y me vacío de palabras y me lleno de amnesias para sobrevivir.

domingo, 31 de diciembre de 2017

¡Feliz 2018!



2018 va entrando con pereza en mi vida. No es que el año que se va haya sido especialmente grato para mí y, sin embargo, siento cierta resistencia al siguiente dígito, al siguiente peldaño. Me enfrento a su llegada con el gesto contraído, tal vez porque en sus brazos me alcanzará el medio siglo y eso siempre impone un poco de respeto, o quizá porque los proyectos que me "acechan" no me emocionan como antes, pero la verdad es que es la primera vez que me acerco al final de un año con cierta apatía. 

Sin embargo, y a pesar de todo, me gustaría desear a todo aquel que se asome a este blog un magnífico 2018 lleno de buenos momentos, que las horas ingratas sean escasas y fácilmente olvidables y que, en ese momento fugaz que es la felicidad, sean plenamente conscientes.

¡Feliz 2018 y sucesivos!

martes, 22 de agosto de 2017

Postales en el tiempo






Hace mucho tiempo comenzó a fascinarme el rastro que dejaron atrás los que ya no están, las personas anónimas, invisibles, que algún día hablaron, viajaron y sintieron como ahora nosotros y a las que ya nadie recuerda, pero de las que quedan jirones imperceptibles que demuestran que existieron. Siguiendo esa estela, comencé a coleccionar viejas postales enviadas desde cualquier parte del mundo, escritas en cualquier idioma, en cualquier época y, cada vez que compro una, tengo la vibrante sensación de estar rescatando una vida del olvido, de llevarme conmigo algo más que un pedazo de cartulina garabateada, quién sabe si un recuerdo único que viene a enriquecer mi cajón de memorias oxidadas, quién sabe, si algún nuevo relato de palabras prestadas.

"Postales en el tiempo"
Buchmann, 2011