martes, 28 de septiembre de 2021

Leo


Leo. Paso las páginas y me descubro acariciando las líneas. Sintiendo el sutil relieve de este libro que se imprimió a golpe de plomos invertidos y de tinta. Que atravesó con su sangre los nervios de sus hojas. Que vertió en las comisuras de sus márgenes las ideas de un lector que ya no existe.

Leo. Caen las palabras sobre mí como gotas de lluvia. Calan en mi piel. Me nutren. Conforman las circunvoluciones díscolas de mi cerebro sediento. Me sosiegan. 

Leo. Nada de lo que ocurre, en la comunión íntima y profunda que me conecta con las cremosas hojas, puede separarme del viaje de su olor. Del cálido sortilegio que me lleva, más allá de las fronteras infranqueables de este mundo que pretende contenernos.

Leo. La luz de la lámpara me lame los perfiles. Concreta el fruncimiento concentrado de mi ceño. Me define en la soledad lejana que envuelve al lector empedernido. Me aísla. Me contiene. Me completa.

domingo, 26 de septiembre de 2021

Tiembla el mundo


Tiembla el mundo bajo los timbales del volcán de La Palma. Las vidas de muchas familias han quedado detenidas. Suspendidas por un tiempo. Pero podrán seguir avanzando. Tendrán un futuro.

Tiembla el mundo bajo la rabia sorda que atraviesa a una parte de la ciudadanía. La embrutece. La convierte en bestias salvajes que destruyen todo lo que encuentran a su paso. No puedo imaginar de dónde sale esa impotencia. Qué los hace estallar de esa manera. Quién los manipula y para qué. 

Tiembla el mundo bajo el miedo del derrumbe de la gran empresa china Evergrande. Tiemblan los bancos que financiaron al gigante con pies de barro. Tiemblan porque la asunción de la deuda pasará del estado chino a los clientes de las empresas que poseen el monopolio de casi todo. Temblamos todos.

Tiembla el mundo por la presión de las grandes migraciones. La pobreza es un estigma. El hambre, la vergüenza de los que la consienten. De los que la provocan. De todos los que alguna vez hemos mirado hacia otro lado.

Tiembla el mundo bajo la basura que lanzan los políticos contra sus adversarios. Contra los ciudadanos que piensan de forma diferente. Contra aquellos que pueden desbancarlos de la primera fila. De la poltrona caliente. Del escenario de las maravillas que abre tantas puertas y lubrica tantas voluntades.

Tiemblan los marionetistas que manejan los hilos cuando la gente no se deja manipular más. Cuando vuelve a pensar por si misma. Cuando comienza a tomar sus propias decisiones y rompe con la perversa rutina de la vida. Cuando lee. Porque el poder de los libros puede crear una corriente que cambie el mundo.

viernes, 24 de septiembre de 2021

El Progreso


“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, que decía la zarzuela. Ahora podemos pagar con el móvil. ¡Qué cómodo! ¡Qué ecológico! El banco se ahorra el costo del correo, el papel, los franqueos y la producción de tarjetas de plástico. 

En nombre del progreso también podemos gestionar nuestras cuentas en línea. ¡Qué útil! ¡Qué rápido! Nos sentimos como niños mayores, sesudos y capaces haciendo el trabajo de los bancarios de las sucursales que ahora podrán cerrar sus puertas dejando en el paro a varios millares de personas. Pero no importa porque se les indemnizará convenientemente gracias a la pequeña infinidad de comisiones que pagaremos, religiosamente, todos los clientes. Y también recibirán los dos años de paro a los que tienen derecho, y que financiaremos todos los ciudadanos con nuestros impuestos. Y, si los recién despedidos son suficientemente longevos, podrán jubilarse, y seguiremos siendo los esforzados ciudadanos los que salvemos a los bancos de sus políticas suicidas aunque, en realidad, sus cuentas no registren pérdidas.

¡La banca siempre gana!

Pero la tecnología y la sostenibilidad también invaden los hipermercados.  Ya no contaminan llenando el medio ambiente con bolsas de plástico regaladas. ¡Qué ecológico! Ahora pagamos por ellas y así contribuimos también a la buena salud financiera de estas grandes compañías. Pero los sobre-empaquetados, los envoltorios de plástico para pre-cortados y las fajas de papel no se reducen. 

Además, para facilitar la vida a los clientes, para que no pierdan su valioso tiempo, los consumidores pueden cobrarse los productos ellos mismos. De ese modo las grandes compañías ganan más dinero aunque se aumenten las listas de parados. 

También ha llegado la revolución tecnológica a las empresas eléctricas. Es necesario cambiar los viejos contadores por otros que puedan leerse de forma remota. Son más seguros, más fiables y, sobre todo, los pagan los usuarios así que ¡negocio redondo!, pueden despedir a los trabajadores que leían los consumos hasta ahora y las empresas recortan otra porción de gastos para poder aumentar los salarios de los directivos y consejeros. ¿Alguien da más?

Para cualquier gestión nos vemos obligados a tramitar nosotros mismos nuestras peticiones a través de una web o, aún peor, a través de un servidor vocal que no sirve, ni entiende, ni soluciona absolutamente nada.

Aislados. Autogestionados. Los ciudadanos somos más fáciles de manipular. Podemos comprar a través de Internet. Podemos ver las películas y las series que nos interesan sin movernos del salón de nuestra casa. Podemos opinar en redes sociales como si nuestra opinión tuviese algún valor. Podemos estar más solos y más obsesionados con nuestros propios fantasmas mientras la maquinaria paquidérmica continúa su avance imparable.

domingo, 19 de septiembre de 2021

La tierra se estremece



La tierra se estremece. Entra en erupción el volcán de La Palma. Vomita. Le otorga al hombre la medida que le corresponde frente a la rotundidad de la naturaleza.

Los neonazis se dan cita en Chueca para manifestarse. Intentan reprimir la libertad de otros. Tal vez les preocupe la diferencia. Quizá les atemorice aquello que no son capaces de entender. Que deja al descubierto su propia impotencia. Quién sabe si también su miedo a no estar tan seguros de su propia identidad sexual como quisieran demostrar.

Estados Unidos apuñala por la espalda (entre el Índico y el Pacifico) a una Europa irrelevante.

En España sacamos a los muertos de las tumbas para herirnos mutuamente. Para saciarnos el odio. Para arrancarnos las desvergüenzas a dentelladas.

La Feria del Libro de Madrid rezuma entusiasmo, novedades, reencuentros largamente anhelados. Los libros, las historias, los personajes, toman al asalto este otoño incipiente, deseoso de normalidades. De “estrenos” literarios. De impulsos hacia el voraz mercado navideño que ya asoma sus espumillones brillantes sobre el horizonte.

Los chinos tienden su mano a los talibanes y los europeos sentimos el aliento del fin de una era cada vez más cerca. Cada vez más frío. Cada vez más inquietante. 

Las apuestas en línea esclavizan a los niños y a sus padres. Los convierte en adictos. Los somete. Les roba el futuro. Se extienden como virus en los teléfonos móviles de nuestros hijos, camuflados de juego inofensivo. De divertimento indiferente que enriquece a conglomerados glotones que nunca tienen bastante. Que vampirizan y abandonan sin pudor las vidas reventadas que siembran a su paso.

La tierra se estremece ahíta de incendios, contaminación, ignorancia  y egoísmo. Contrae sus entrañas. Se derrite. Se diluye en riadas. Nos amenaza con sepultarnos vivos en nuestra propia indiferencia.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Feria del Libro 2021

 








Ayer, en La Feria del Libro, pasamos una tarde maravillosa de encuentros y reencuentros. De firmas y de conversaciones.
Gracias a todos los que vinisteis. A los que lo intentasteis y finalmente no pudisteis llegar, y a los muchos que me acompañasteis desde la distancia.
Y gracias de nuevo al editor, que luchó hasta el último momento por conseguir un espacio para los autores “talenturosos” que me precedieron (Óscar Vellosillo González, David Núñez Casallo y Jesús Castro Lago) y para mí misma. Y también, como no, muchas gracias a la librería Muga que nos acogió con tanto cariño.


miércoles, 15 de septiembre de 2021

El mundo cambia


El mundo cambia. Se estremece. Deserta de sí mismo. Las eléctricas, como macarras con  navajas desplegadas, extorsionan al Estado. Los talibanes se jalean por su victoria pírrica. Prometen sumisiones y triunfos militares. Cosen el cielo con el redoblar de sus fusiles. Se relamen.

Europea mira aterrada la cercanía de la infamia. Indefensa. Desunida. Débil. 

Estados Unidos se repliega con una indiferencia miope que se cobrará consecuencias corsarias en sus carnes. 

El gigante chino y Rusia cosecharán ventajas a su cargo. Israel parpadea, rodeada de enemigos, sola en su soberbia visionaria. 

España soporta la peor política posible.

Los discursos vacíos. El partidismo tóxico. El nihilismo crónico de una sociedad que venera antes al berreado dorado que a sus dioses.

El mundo cambia. Los ciclos se suceden sin destino. La Tierra abrasada permanece. Más sucia. Menos habitable, aunque a pocos les importe. El fuego es un arma más perversa que la Covid. El tiempo de una vida humana no alcanza a ver crecer un bosque. La ignorancia perversa del avariento hartazgo de las élites no abarca al horizonte de los hijos, aún menos de los nietos o de los biznietos, tan lejanos. Tan poco visibles.

El mundo cambia empujado por la estúpida molicie indiferente de los días y, nosotros, espectadores indecisos, empujamos ese cambio sin ver las consecuencias.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Veinte años

Veinte años. Han pasado veinte años desde que todo el mundo mantuvo la respiración, pendiente de las pantallas y de las radios. Congelados ante la sorpresa y el horror por los atentados en territorio norteamericano. Una línea de plomo separó el antes y el después. Un terrible puño destructivo extendió una guerra interesada e infructuosa que se ha saldado con más radicalismo y menos seguridad.

Veinte años. Como dice el tango, no son nada.  Pero son los suficientes como para recoger la cosecha del odio. Como para presenciar la inutilidad de la venganza. Como para ver florecer las semillas del dolor, de la incomprensión y de la arrogancia herida. 

Veinte años. Y otra guerra perdida que la propaganda Hollywoodense no podrá maquillar con películas heroicas, ni con bandas sonoras emocionales que oculten la vergüenza de abandonar un país destrozado y furioso, deseoso de revancha y de sangre.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Feria del Libro de Madrid, 2021

 


Es un placer regresar a la normalidad. Volver a tener contacto con lectores y curiosos. Volver, en definitiva, a La Feria del Libro de Madrid.

Allí os espero, entre las 20:00 y las 21:00 horas, en la caseta número 312 de la Librería Muga.

A pesar de las restricciones, será maravilloso el reencuentro.


domingo, 5 de septiembre de 2021

Involucionamos


Involucionamos. Texas intenta pulverizar el derecho al aborto. Nos aterra la represión que sufrirán las mujeres Afganas, aunque no nos preocupan las mujeres silenciadas de los países ricos del Golfo Pérsico. En la India dejan morir a las niñas porque son un lastre económico. 

Involucionamos. Los mismos que hablan sobre “la doble pena de las víctimas de ETA por el olvido y la impunidad”, nunca han pensado de la misma manera sobre las víctimas del franquismo. Montenegro arde en llamas por el nombramiento de un obispo serbio. El odio no desaparece con la construcción de fronteras. 

Involucionamos. La ostentación es una enfermedad contagiosa. Los estúpidos hablan más alto con el fin de ser escuchados. Los sabios guardan silencio. No es que no tengan nada que decir, es que nadie está dispuesto a escucharlos. 

Foto: ABC/Reuters

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Llueve

Llueve. Todo el cansancio del verano se desploma sobre la ciudad sedienta. Regresa poco a poco el lento transitar resignado de los coches. Las miradas tristes de los retornados. Las carreras previas al comienzo de la escuela. La revisión minuciosa del calendario, rastreando posibles huidas de la vida que nos damos. 

Llueve. Las facturas esperaban apiladas en la entrada. Las cuentas, que parecían ligeras y flexibles hace un mes, se han hecho plomo. El supermercado es una versión encarecida del que dejamos atrás. Se nos cansa el ánimo solo de pensar en cómo ascender la dura cumbre hacia diciembre.

Llueve. Por fin respiran las casas encalladas en el calor excesivo. En las siestas en penumbra. En los rumores saturados. En el sudor destilado gota a gota, a ritmo de sonatas y, a veces, de caricias. 

Llueve. Se nos llena la agenda con los buenos propósitos que hemos tejido en la distancia. Se nos cansa la esperanza de tanto exhibirla, de tanto estirarla, de tanto envolvernos en ella para que la erosión de la vida no nos hiera.

Llueve. Comienzo a leer un nuevo libro. Me diluyo. Me dejo llevar por su corriente. Septiembre puede esperar un poco más. Las tareas infligidas pueden aguardar por unos días. Unas palabras más. Unas páginas más y volveré al redil, tan manda como siempre.

Llueve.


Fotografia: Andrés López ALL photographer